Cada vez son menos quienes se atreven a mantener una distancia insoslayable entre mente y cuerpo, entre el campo de las emociones y la repercusión que éstas ejercen sobre el organismo humano.

“Vd. no tiene nada, lo suyo es de los nervios”. Esta frase, tan escuchada en boca de facultativos, suele generar en sus destinatario una sensación de impotencia, de desconcierto; algunos se “resignan” y lo asumen como inevitable; otros, sobre todo si tienen los medios a su alcance, van peregrinando de especialista en especialista buscando una causa física concreta a la que poder atribuir sus dolencias y sufrimientos. Porque, lo que está fuera de toda duda, es que esa persona se queja de algo que realmente le está causando problemas, aunque ese algo no pueda ser detectado ni por radiografía, ni por scanner, ni por ningún otro medio tecnológico al uso.

Cuando se está sometido a tensiones, ansiedad, preocupaciones, que en un momento dado llegan a ser excesivas, que sobrepasan la capacidad de afrontamiento, es muy frecuente que empiecen a hacer aparición dolores de cabeza o de estómago, taquicardias, problemas de sueño, y toda una sintomatología que lleva a hacer pensar a quien la padece que realmente tiene un problema. Y así es. Lo que ocurre es que, después de descartar una patología orgánica, hay que buscar su origen en el terreno de lo psicológico, en el campo de las emociones. Esto no quiere decir que su equilibrio mental esté en entredicho, sino que su persona, entendiendo como “persona” el conjunto cuerpo-mente, está protestando por algo que le dificulta su correcto funcionamiento, y la forma de quejarse, en estos casos, es creando una sintomatología que haga que le presten atención. Como si se encendiera una luz roja que indica que hay algo que no va bien.

Quienes trabajamos con este tipo de pacientes, somos conscientes del gran alivio que experimentan tanto en un primer momento, cuando se les comunica que sus dolencias son justificables y tratables, como cuando comienzan a ver los resultados de la terapia idónea para su caso.

Hay que procurar, entre todos, ir eliminando la mala prensa que tienen los trastornos psicosomáticos, desterrar tabúes que impiden que quienes los padecen busquen la ayuda adecuada por temor a ser juzgados como… poco serios.

La calidad de vida implica, fundamentalmente, armonía y bienestar. No renunciemos a tratar de conseguirla.

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