Con demasiada frecuencia, las mujeres vuelcan sus intereses en un sólo ámbito: los hijos, el trabajo… ¿Qué sucede, pues, cuando este único foco de atención deja de tener relevancia? Los niños van creciendo, y cada vez precisan menos de nuestra atención y supervisión; hasta que se independizan, física o prácticamente. Y el trabajo… es un medio, más que un fin.

Hace algunos años, tratando de transmitirle estos conceptos a una de mis pacientes, se me ocurrió el ejemplo de “la mesa y las patas”. Y como considero que le fue de mucha utilidad, paso a transcribirlo, porque creo que todos podemos vernos más o menos reflejados en él.

Hay mesas de una sola pata (ancha, resistente…). Las hay, pocas, de tres. La mayoría, tienen cuatro. Pero también podemos ver mesas con muchas patas en celebraciones, congresos… Nuestra vida, nuestro “yo”, sería equiparable al tablero de la mesa. ¿Qué sucede si a una mesa de cuatro  patas le falla una? Pues que pierde su equilibrio, se tambalea…Pero si tuviera cinco o seis, no tendría tanta importancia…

Para conseguir una buena estabilidad emocional, debemos intentar poner el mayor número de patas a nuestra “mesa”: pareja, trabajo, hijos, hobbies, amigos, deportes, lectura… De esta forma, cuando alguno de sus componentes no responda a nuestros deseos, no por ello vamos a derrumbarnos. Es decir, si, por ejemplo, una persona pierde su empleo, pero se encuentra apoyada en otros muchos elementos, es más difícil que se vaya abajo.

Tenemos que intentar seguirle poniendo “patas a nuestra mesa” día a día , para ser más consistentes, aunque lógicamente varíe la importancia de unas a otras.

El llamado “Síndrome del Nido Vacío” se refiere a la situación de desvalorización en la que caen muchas mujeres cuando los hijos son autosuficientes y abandonan el hogar para vivir sus propias vidas, o vienen a casa únicamente para satisfacer sus necesidades básicas. Es comprensible  que quien ha vivido por y para ellos, se sienta defraudada, frustrada, ante esta situación. Pero hay que asumirlo como algo normal, porque la vida fluye. Por eso son tan precisas las otras patas de la mesa. Para seguir sintiéndonos importantes y vivas. Pero no debemos esperar a que nuestra mesa se tambalee, tenemos que ponernos “manos a la obra” y empezar a enriquecer nuestras vidas con todos los factores que nos van a hacer sentir mejor y con mayor calidad de vida.

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