Durante muchos años se ha dado una gran importancia al factor inteligencia, evaluado como cociente intelectual; así se decía “es muy inteligente”, cuando la puntuación obtenida resultaba superior a la media. Pero eso, con ser importante, no era un elemento determinante a la hora de desenvolverse bien en la vida; no pocos niños, con alto C.I., engrosan las filas del llamado fracaso escolar…

Daniel Goleman, psicólogo estadounidense contemporáneo, acuñó el término “inteligencia emocional”, definiéndola como aquélla que nos hace más capaces tanto en el terreno personal como en el social. Y, a partir de ese momento, todos los patrones vigentes de selección de personal, por ejemplo, cambiaron. Se puede ser el número uno de una promoción y carecer de capacidad de comprensión hacia los demás, confianza en uno mismo y en los otros, etc.

Es decir, lo verdaderamente importante, lo que nos permite desarrollar afectos, ser capaces de disfrutar de las cosas y situaciones y sentirnos en armonía con los demás es esa capacidad para coordinar lo racional y lo emocional, “cabeza y corazón”.

Estos son habilidades laborales de personas con alta inteligencia emocional :

1. Se concentran en lo positivo y en las soluciones.

2. Se rodean de personas positivas.

3. Capacidad de poner límites.

4. Llevan a cabo un aprendizaje continuo.

5. Saben gestionar sus emociones.

6. Buscan nuevas formas de vivir, aunque ello implique salir de su área de confort.

7. Viven el presente, teniendo en cuenta el futuro.

Aprender a desarrollar la inteligencia emocional está al alcance prácticamente de cualquiera, siempre que lo intente de la forma adecuada.

 

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