tratamientos psicosomáticos hipertension arterial

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S), define la hipertensión como “la asesina silenciosa”, puesto que, en general, no da síntomas hasta que ya es peligrosamente alta;  debido a esto, casi el 40% de quienes la padecen, no lo saben…

Es la patología más frecuente: los últimos estudios llevados a cabo entre la población general adulta de España arrojan una incidencia de un 35% y, dependiendo de la edad, el 40% a edades medias y mas del 60% en personas mayores de 60 años.

Pero,  ¿en qué consiste en sí la hipertensión? La  tensión arterial o sanguínea es la fuerza o presión que ejerce la sangre sobre la pared de las arterias (vasos que la conducen desde el corazón hasta los órganos y tejidos); por eso también es conocida como presión arterial.  Depende del volumen o de la  cantidad de sangre contenida en el sistema circulatorio, de la intensidad de la contracción del  músculo cardíaco que la impulsa y de la resistencia que oponen los vasos sanguíneos al paso de la sangre por ellos. Hay dos clases de presión: la sistólica y la diastólica;  la primera se produce al contraerse el corazón para bombear la sangre hacia fuera; es la que vulgarmente conocemos como “máxima”. La diastólica (“mínima”), es cuando el corazón se relaja para permitir la entrada de la sangre.

Cuando la fuerza con que el corazón bombea sangre a través del sistema circulatorio es mucho mayor que la que sería necesaria para mantener el flujo continuo, se sufre hipertensión, es decir, como norma, cuando los valores (medidos en milímetros de mercurio) superan, respectivamente, 140 y  90 (14 y 9, vulgarmente), valores que varían en función de la edad.

A la larga, si la hipertensión no está controlada puede provocar accidentes cerebrovasculares, infartos de miocardio y enfermedades renales.
La dieta, el ejercicio físico y la farmacología se encargan de cumplir su papel en este problema. No es menos importante el aspecto psicológico-emocional, puesto que el estrés es un gran enemigo en este cuadro clínico. Entrenando al paciente en técnicas de relajación física y mental y  control de estrés, así como en autocontrol emocional, se le facilitan instrumentos para colaborar en su regulación.

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