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Pasada la primera etapa, ésa en la que la atracción es muy grande por ambas partes, llega el momento de la consolidación de la pareja. «Nos enamoramos de alguien sin dar importancia a sus defectos… y le seguimos queriendo a pesar de sus defectos», leí hace tiempo.

Pero para que una relación pueda mantenerse de forma sana se precisa que la balanza emocional se incline más por el cúmulo de los beneficios (cariño, atracción, admiración, camaradería…) que por el de los costes (enfados, recriminaciones, egoísmos…).

Nunca hay que olvidar que una relación es algo vivo y que, como tal,  hay que saber cuidarla y prestarle la atención necesaria si queremos que continúe existiendo. La rutina, el dar por sentado que nos queremos, no lleva más que al debilitamiento del vínculo.

Aprender a armonizar nuestras demandas y necesidades con las de la otra persona nos hará sentirnos más equilibrados y lograr una convivencia enriquecedora.

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